Gran día nos esperaba, después de haber dormido un poco de “aquella manera” sobre todo por el frio, nos dispusimos a hacer la mochila y desayunar, evidentemente repetimos desayuno y lo que no sabíamos es que haríamos lo mismo casi todo el resto del viaje, huevos, patatas cocidas, dos tostadas de pan duro y mantequilla con una especie de mermelada híper mega dulce.
Estuvimos andando durante mucho tiempo aunque la verdad que el camino de momento no se hacía duro, los paisajes eran espectaculares y en cuanto el día despuntó, salió un sol súper agradable que nos hacía estar de muy buen humor y con bastantes ganas de todo. Se nos aventuraba muy buen tiempo durante el trek y la verdad que lo que veíamos a nuestro paso era espectacular, todo absolutamente, era la época del rododendro (árbol típico de Nepal) que además estaba totalmente florecido.
Nos encontrábamos muchas aldeas, todas preciosas, muchas de
ellas en plena construcción, allí no se sabía que era la crisis del ladrillo,
entre otras cosas porque usaban madera y piedra, y además el paso turístico
hacia el Everest las hacían ser aldeas prosperas. Habían muchos lodges a cada
poco, paramos en uno de ellos a tomar un MilkTea y en nuestro primer punto de
control, Isword (el guía) se encargaba de todo el trámite mientras nosotros disfrutábamos
como enanos con los niños de por allí, sacamos el gofio dulce que llevábamos
gracias a mi amiga Leo y su madre, y a pesar de que al principio no estaban muy
seguros de si probarlo o no, en cuanto el primer valiente puso ojos de “ESTO
ESTÄ BUENÍSIMO” todos empezaron a poner la mano, el aspecto no les llamaba la
atención, pero el sabor les gustaba y así lo hacían ver.
Al rato de estar bajando por una ladera interminable rodeada
de bosque, llegamos a ese poblado, llevábamos 3 horas y media andando más o
menos y por fin llegó la merecida parada para comer. Comimos bastante bien y al
rato y tras tomarnos un café aguado, empezamos a caminar nuevamente.
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| Hillary Bridge |
| Sherpa |
Habíamos llegado al paraíso de las montañas, al oasis de
lujo, donde estos eran, poder bañarse, comprar lo que quisieras o hiciera
falta, donde había internet asequible, enchufes, y donde podías hasta sacar
dinero, tomarte un café en un Irish Pub o un trozo de tarta en una cafetería guapísima.
Pequeños lujos de los que no nos daríamos cuenta que lo eran hasta mucho más
adelante… Namche fue el último pueblo donde me duché por última vez hasta la
vuelta, donde me volví a duchar y donde Namche se hizo leyenda. Por cierto una
cosa es no ducharse y otra no asearse, las duchas de agua caliente de Namche se
convirtieron en rápidos y fríos momentos de toallitas húmedas con las que me “lavaba”
podría ahorrarme contar todo esto pero es la realidad, es lo que hay.
| Namche Bazar |















