domingo, 22 de abril de 2018

Próxima parada. Dingboche.

Día duro donde los haya, salimos temprano tras desayunar hacia Dingboche. Amaneció un día precioso, volvimos a coincidir en el camino con el rodaje de la película francesa “El Ascenso” eligieron una ubicación muy bonita para rodar unos paisajes. El día acompañaba y las fuerzas a priori también, me encontraba mucho mejor que el día anterior a nuestra llegada.


Pequeña Nepalí con su nuevo amigo.
El camino era muy bonito pero pronto empezarían a desaparecer los árboles, la zona boscosa y la verde vegetación para dejar paso a un ambiente más árido. La falta de oxígeno se hacía notar, y la naturaleza así lo hacía ver. Hicimos un par de paradas para regalar algunos colores y libretas y un peluche a una niña preciosa, muy tímida que solo sonrió con los ojos al ver aquel león que le compré a mi hija cuando era pequeña. Era uno de los juguetes “estrella” que llevaba conmigo y aquella niña lo merecía.

Tras varias horas de caminata dura llegamos a una aldea donde paramos para comer. Recuerdo llegar y tirarme en los asientos del lodge y descansar. Después de comer, volví a tumbarme con un sueño tremendo, parecía que me moría, se acababa el ruido, y solo quedaba dolor, cansancio y paz. Así espere un rato hasta que le té con limón que me sirvieron se enfrió un poco.

Después de recuperar algo de fuerzas, proseguimos hasta nuestro siguiente destino. Tras otras cuantas horas caminando llegamos a Dingboche. Recuerdo llegar muy cansado, extenuado, roto por dentro y por fuera. Cuando llegué al lodge me tiré en la cama, con todo lo puesto me tapé como pude, tenía mucho frio, y me eché a dormir.

Dingboche
Al cabo de un rato llegó Ram e Isword, me dieron más ajos crudos, me los comía como caramelos de fresa, no es que me gustaran pero solo pensar que me aliviarían ese tremendo dolor de cabeza que tenía y esa angustia, me hacía verlos como si fueran dulces caramelos. Al rato me pude incorporar e ir a la sala común. Se respiraba buen ambiente, paz y se notaba que la gente comenzaba a notar el mal de altura, me aliviaba un poco no ser el único. Allí fue donde Isword me explicó más detenidamente que hacían cuando los miembros de una expedición empezaban a sentir mal de altura.
Me explicó que lo que solían hacer es que cuidaban los síntomas, los intentaban tratar. Si al día siguiente, ya pasadas las suficientes horas de los síntomas, los síntomas no remitían o empeoraban, le daban la vuelta al cliente y lo descendían hasta el pueblo más cercano, esperaban unas horas, si los síntomas remitían o desaparecían, seguían ascendiendo hasta reincorporarse al grupo, si no remitían se debía seguir descendiendo y por lo tanto abandonando la expedición. Este segundo caso no pasaba por mi cabeza en absoluto, es más, por mi cabeza no pasaba otra cosa que no fuera llegar al campo base fuera como fuese. Al contarme esta forma de proceder, se me quitaron todos los males. Mejoré y por la tarde noche estaba cenándome lo que para mí fue una de las mejores pizzas que me he comido en mi vida. Estuve escribiendo en el diario, leyendo y pensando en descansar. Al día siguiente teníamos día de descanso y aclimatación. Nos fuimos a dormir a nuestra peculiar habitación y descansamos como pudimos esa noche.

Salón común del Lodge
Recuerdo que al salir de la zona común hacia la habitación nos encontrábamos de frente con el Ama Dablam, la luna apenas lo iluminaba pero podías sentir su presencia y su poder. Simplemente espectacular. Detrás de nuestras cabezas a pocos kilómetros el Monte Everest.
Al día siguiente nos despertamos, desayunamos y nos dispusimos a realizar un ascenso de aclimatación a una de las montañas que teníamos justo detrás del lodge. Yo me quedé a mitad, me encontraba algo cansado pero bien, sin ningún tipo de malestar o dolor, y no quise forzar.

Panorámica del Valle de Dingboche
Panorámica Ama Dablam
Creo que esta decisión fue vital. La verdad es que de Jesús Calleja si algo he aprendido en sus charlas, eventos y episodios es a “gestionar el riesgo” en este caso quise parar y dejar que mis compañeros ascendieran al pico de aquella montaña, pareció una decisión cobarde, pero resultó ser muy acertada, me ayudó mucho, cogí confianza en mi cuerpo, en mi mente y me ayudó a pasar un día bastante bueno, aclimaté muy bien, dormí bien la noche siguiente y descansé bastante. Me fui a dormir después de hacer lo habitual, leer, escribir, repasar fotos, etc. Al día siguiente me esperaba un día muy duro.


Al fondo el Makalu









Hacia Tengboche.



Sendero hacia Tengboche.

Desayunamos y preparamos todo para salir temprano hacia nuestro próximo pueblo. Se nota bastante el descanso del día anterior. Nos encontramos bien y fuertes, podemos continuar. Estuvimos bastante tiempo andando, las imágenes que vimos, las fotos que tomamos son realmente espectaculares. Cada dos por tres teníamos unas buenas vistas de todo el valle, el Everest, Lothse, Nupse y Ama Dablam se veían preciosos.  Paramos varias veces para coger aliento y echar alguna que otra foto, la altura ya empezaba a hacer mella, nos encontrábamos por encima de la altura del Teide (lugar donde entrenábamos) y eso ya se notaba.

Grupo de Jacks
Tras una larga caminata, empezamos a bajar una larguísima pendiente. A mi especialmente me desmotivaban mucho estos tipos de bajadas, lo explico. Cuando empezamos el trek teníamos calculado la distancia que se hacía al día, más o menos, y la altura que subías al día, lo que no teníamos calculado es el desnivel ACUMULADO, es decir, a lo largo de un día de caminata, pongamos que hay que subir al final del día 600 metros, cuando ves en el altímetro que ya has subido 300 metros te emocionas pensando que te queda la mitad, nada más lejos de la realidad, resulta que de repente tienes que bajar una colina y esto supone volver a bajar 150 o 200 metros en algunos casos, por lo que ves que aún te quedan otros 400 o 450 metros por volver a subir y eso supone que vas a tener una buena subida o subidas un poco más adelante, ¡prepárate¡ A lo largo del día has podido acumular unos 900 o 1000 metros de desnivel. Una locura y esto es así casi siempre, por no decir siempre.
Jacks sobre puente colgante.
 
Total, al final de esta bajada en dirección hacia Tengboche llegamos a una pequeña aldea, donde había un par de logde y 3 o 4 casas de té y “restaurantes”, comimos en una especie de merendero junto, próximos a un rio que traía toda el agua derretida del Everest, Lothse etc. Una autentica pasada. Había una señora con un pequeño puesto de pulseras y collares a la que le compré un colgante, que precisamente hoy mismo llevo puesto mientras escribo esto.

Allí durante la comida conocimos a Rafa y su mujer. Rafa es un montañero, el cual había subido el Everest en el 2006,  en aquella subida perdió un dedo. Ahora volvía con su mujer hasta Tengboche para mostrarle un poco el recorrido que hizo, y para ver más de cerca la montaña que le cambió la vida, y el físico, para que sintiera la emoción y las sensaciones que años atrás vivió el. Un romántico. Me encantan estas historias, ya somos dos románticos.

Parada para comer.

Tengboche. Vista del Everest, Lothse y Ama Dablam.
Tras comer tranquilamente y tomarnos un café, seguimos nuestro camino. Ahora tocaba la cuesta, no sé cuánto tiempo estuvimos subiendo, pero fue mucho, para mi muchísimo. Finalmente, y yo con un dolor de cabeza considerable, llegamos a Tengboche. Llegar me supo a gloria, fue un auténtico alivio, llegué bastante tocado, necesitaba descansar y comer lo máximo posible, al día siguiente saldríamos pronto hacia el siguiente pueblo. Este día fue el primero que sentí de verdad el mal de altura, me tumbé rápido con la ropa puesta, Isword (el guía) vino a verme a la habitación y me dio la clave, dientes de ajos crudos, al parecer los Sherpas novatos los usaban a menudo para combatir el mal de altura, y siempre llevaban algunos en los bolsillos para darle a los turistas. Era asqueroso, masticar un ajo crudo cuando estas mal es asqueroso, pero la verdad es que me sentó bastante bien.

Tras un descanso de un rato y aliviarse algo el dolor de cabeza, salimos a ver el pueblo, fuimos al monasterio, que es realmente sorprendente, espectacular. Las sensaciones allí dentro fueron mágicas, te reponían, fue un momento de descanso, de meditación, de pensar que estábamos haciendo allí, tan lejos de todo y de todos, que iba a ser de nosotros, ¿lo conseguiríamos? no solo nos hicimos preguntas, también encontramos algunas respuestas. Un lugar digno de marcar en el mapa. Después fuimos a una Bakery (pastelería, cafetería) nos comimos un trozo de tarta y un café, nos salió “caro” pero mereció mucho la pena. Vimos llegar un helicóptero allí mismo justo enfrente de la bakery, evacuaba a un montañero, la verdad es que a diario veíamos unos veinte helicópteros ir y venir, evacuando gente, salvando vidas y nosotros allí viendo todo eso.

Monasterio de Tengboche.
Después del buen rato volvimos al lodge. Nos enteramos que en el logde de al lado se encontraba un equipo de rodaje de una película, nos enteramos de poco, solo que era de una película francesa, después de casi dos años, el otro día viendo EL ASCENSO, en Netflix, reconocí a dos actores bastantes característicos, esa era la película que se grababa allí, y nosotros en el meollo de la cuestión, una pasada ver esa película después de tanto tiempo y saber que nosotros estábamos en esos momentos allí subiendo con ellos.

Compramos agua, y una tarjeta de red wifi, nos pusimos en contacto con la familia y amigos, mandamos alguna foto, cenamos bastante bien y nos echamos a dormir, a la mañana siguiente salíamos temprano e iba a ser un día muy largo.

Patio interior Monasterio de Tengboche.

 
  
 







viernes, 9 de febrero de 2018

Aclimatación en Namche Bazar.

Día de aclimatación en Namche Bazar. Empezamos pronto la jornada, nos levantamos y tras asearnos un poco bajamos a desayunar, hoy nos espera un día bastante tranquilo, de descanso, pero antes de eso tenemos un trek.
Después de desayunar unos huevos, verdura cocida y unas tostadas, con su correspondiente milktea, nos disponemos a equiparnos, a coger las mochilas y salir.
Namche Bazar
En primer lugar empezamos a subir hacia la parte alta de Namche, las vistas son espectaculares, a cada poco que se va subiendo se divisa la estampa del pueblo al completo, desde una perspectiva única se pueden observar, las casas de té, cafeterías, multitud de tiendas, incluso se pueden ver peluquerías improvisadas.

Peluquería
Llega un momento en el que nos adentramos por fin y de forma oficial (una puerta lo señala) en el Parque Nacional de Sagarmatha. A partir de aquí y tras finalizar una pendiente llegamos al monumento en memoria de Tenzing, para mí el primer hombre en pisar la cumbre del monte Everest. En Nepal es todo un símbolo y un semidiós en toda la zona del Kumbu y el pueblo sherpa.

Entrada Parque Nacional.

Desde ahí por fin tengo mi primera imagen, la primera vez que mis ojos ven el techo del mundo, ese día se deja ver, se gusta, por fin veo mi sueño en el horizonte, el Everest se yergue majestuosamente, como si de un gigante indestructible se tratara, te ve y más adelante cuando empiezas a acercarte incluso te habla, ¿suena a locura? Lo digo yo, te habla y además lo escuchas perfectamente. Lo que te dice es bastante fuerte, pero me lo reservo para más adelante, cuando estemos más cerca.

Monumento a Tenzing

Allí delante del Everest se puede ver una imagen única. El Ama Dablam a la derecha, espectacular, a su izquierda al fondo el Lothse, la tercera montaña más alta del mundo, increíble, el Everest justo al lado, aunque en la perspectiva parece de la misma altura que el Lothse hay que tener en cuenta que el Everest está detrás, aun así se equipara en la imagen, lo que da a entender un poco la magnitud del mismo, una autentica pasada. Y al lado de este el Nuptse, y su sierra de cuchillo, es fácil de diferenciar, la loma más alta de las tres o cuatros que se pueden divisar.
Por primera vez se me saltan las lágrimas, y no son pocas. No sé cuántas fotos nos hicimos en ese lugar, pero os aseguro que no fueron pocas, videos también hubo unos cuantos. También tengo que decir que no fui el único en llorar allí. Desde luego esa imagen no se borra de la mente de las personas que pueden verla. Única.

Museo Sherpa
Al rato continuamos nuestro trek, primero entramos en un museo, el museo del sherpa, cuanto menos curioso, habían muchos utensilios que usaban los sherpas tanto para escalar como para su vida personal, también habían animales disecados que habitaban la zona. Seguimos subiendo para aclimatar el cuerpo, subimos una gran colina donde nos hacemos multitud de fotos hasta llegar al Everest View, el Hotel más alto del lugar, un majestuoso hotel de lujo a 3880 metros de altitud, donde te dejan entrar “de milagro” para poder disfrutar de su cafetería, en su terraza nos tomamos un milktea y disfrutamos de una de las vistas más maravillosas que he visto en mi vida. Descansamos bastante y volvimos tras nuestros pasos a Namche.


El resto de la tarde estuvimos paseando por el pueblo, haciendo alguna que otra comprilla, regalando cosas a los críos que allí estaban jugando al vóley, futbol etc. Entramos en una cafetería buena, café carillo pero merece la pena, buen café tras días sin tomar alguno decente. Al anochecer nos fuimos al hotel, ducha, cena buena, mandamos fotos a los familiares por wifi, a precio de oro y nos fuimos a descansar, no sin antes llevarnos un sustillo. Mientras jugábamos una partida de cartas tras la cena, a un señor que estaba en la mesa de al lado le dio algo extraño, se quedó como dormido tras un fuerte ronquido, quedó inconsciente y con la cabeza totalmente plegada hacia atrás, fue duro de ver, aunque se recuperó al momento. Ya comenzaba a notarse el mal de altura, ya estábamos a unos 3440 metros y eso se ya no era cualquier cosa.

Con esto nos fuimos a la habitación a descansar y a escuchar las ratas del Himalaya justo por encima de nuestras cabezas. Justo detrás de las paredes. Aun así Namche era un lujo, y el mejor sitio donde disfrutar en esa zona del valle. Habíamos pasado un gran día, recuerdo tener mucha ilusión, fue un día muy especial y me metí en el saco a leer y quedé dormido con la mejor de las sonrisas. Satisfacción en estado puro.







miércoles, 18 de enero de 2017

Pakding – Namche Bazar.


Gran día nos esperaba, después de haber dormido un poco de “aquella manera” sobre todo por el frio, nos dispusimos a hacer la mochila y desayunar, evidentemente repetimos desayuno y lo que no sabíamos es que haríamos lo mismo casi todo el resto del viaje, huevos, patatas cocidas, dos tostadas de pan duro y mantequilla con una especie de mermelada híper mega dulce.

Salimos temprano, ya esa noche mientras cenábamos conocimos a Brad y Jacob, padre he hijo (10 años) que intentarían al igual que nosotros llegar al campo base del Everest, Jacob es un chico especialmente fuerte que siempre llegaba el primero al resto de pueblos del camino. También conocimos a Michael, un chico Australiano muy amable, y también conocimos a sus guías.


Estuvimos andando durante mucho tiempo aunque la verdad que el camino de momento no se hacía duro, los paisajes eran espectaculares y en cuanto el día despuntó, salió un sol súper agradable que nos hacía estar de muy buen humor y con bastantes ganas de todo. Se nos aventuraba muy buen tiempo durante el trek y la verdad que lo que veíamos a nuestro paso era espectacular, todo absolutamente, era la época del rododendro (árbol típico de Nepal) que además estaba totalmente florecido.

Nos encontrábamos muchas aldeas, todas preciosas, muchas de ellas en plena construcción, allí no se sabía que era la crisis del ladrillo, entre otras cosas porque usaban madera y piedra, y además el paso turístico hacia el Everest las hacían ser aldeas prosperas. Habían muchos lodges a cada poco, paramos en uno de ellos a tomar un MilkTea y en nuestro primer punto de control, Isword (el guía) se encargaba de todo el trámite mientras nosotros disfrutábamos como enanos con los niños de por allí, sacamos el gofio dulce que llevábamos gracias a mi amiga Leo y su madre, y a pesar de que al principio no estaban muy seguros de si probarlo o no, en cuanto el primer valiente puso ojos de “ESTO ESTÄ BUENÍSIMO” todos empezaron a poner la mano, el aspecto no les llamaba la atención, pero el sabor les gustaba y así lo hacían ver. 
A las tres horas más o menos empezamos a notar las piernas, se iban cargando conforme íbamos cogiendo altura. Ya estábamos a unos 3.100 metros, pensábamos que nos quedaba poco cuando vimos un pequeño poblado como a 150 metros por debajo nuestro, junto a un rio, recuerdo pensar… si bajamos hasta ahí después tendremos que subir esos 150 metros más los que nos quedaban hasta los 3440 que estaba Namche… Me vine un poco abajo y pregunté al guía si todo iba a ser así, a lo que me respondió “Si, más o menos si” o eso le entendí yo.
Al rato de estar bajando por una ladera interminable rodeada de bosque, llegamos a ese poblado, llevábamos 3 horas y media andando más o menos y por fin llegó la merecida parada para comer. Comimos bastante bien y al rato y tras tomarnos un café aguado, empezamos a caminar nuevamente.

No sé cuántos puentes pasamos, muchos, pero ninguno como al rato de estar andando vimos. Ante nosotros el mítico puente Hillary, el de las películas, súper alto, como lo imaginaba, o incluso algo más. Espectacular y una sensación de alegría me invadía, había soñado con cruzar ese puente muchísimo tiempo, lo llevo viendo desde que era niño, no me podía creer que en un rato iba a estar cruzándolo. Por encima del puente Hillary quedaba una montaña muy grande que teníamos que rebasar y justo después… bueno unos kilómetros después estaría Namche. El cansancio pasó a un segundo plano. No sé como pero subí muy rápido hasta donde comenzaba el puente, la sensación de cruzarlo es inexplicable  y más aún cuando pega fuerte el viento como pegaba, está en plena garganta entre dos montañas entre tierras sherpas, un espectáculo, parece que vas a volar como una cometa, sensación única que me guardo en la mente y el alma para siempre.
Hillary Bridge
Después de sacar muchas fotos y algún video continuamos, lo que veíamos durante el ascenso por aquella montaña nos desmoralizaba, al menos a mí, cantidades de sherpas subiendo por una colina cargados de mercancía, y por la que a mí me costaba muchísimo tirar de una mochila de12 kilos. Se hizo muy pesada esa subida, a cada dos por tres teníamos que parar para dejar pasar un sherpa o para que pasaran algunos gokyos, cosa que te desmoralizaba más. Al final otro puesto de control, con un policía que nos miraba de arriba a abajo y que preguntó a nuestro guía (no sé por qué) que si éramos luchadores… No me pregunten por qué, no tengo ni idea, la lucha libre es muy popular allí y nos vería caras raras o algo. 

Sherpa
Tras un descansillo de unos minutos para beber y comernos alguna barrita energética recorrimos la última parte del camino, habíamos llegado a Namche. Un inmenso pueblo Sherpa empotrada entre montañas, recoge el nombre de los bazares que inundan el pueblo por todos lados, nos recibía con un sol que le daba un espectacular aurea santa, a pesar de los terremotos del año anterior estaba bastante recompuesta, trabajaban todo el día para restaurar el poblado y de paso mejorarlo.

Habíamos llegado al paraíso de las montañas, al oasis de lujo, donde estos eran, poder bañarse, comprar lo que quisieras o hiciera falta, donde había internet asequible, enchufes, y donde podías hasta sacar dinero, tomarte un café en un Irish Pub o un trozo de tarta en una cafetería guapísima. Pequeños lujos de los que no nos daríamos cuenta que lo eran hasta mucho más adelante… Namche fue el último pueblo donde me duché por última vez hasta la vuelta, donde me volví a duchar y donde Namche se hizo leyenda. Por cierto una cosa es no ducharse y otra no asearse, las duchas de agua caliente de Namche se convirtieron en rápidos y fríos momentos de toallitas húmedas con las que me “lavaba” podría ahorrarme contar todo esto pero es la realidad, es lo que hay.

Namche Bazar
Ese día recuerdo descansar, beber Milk Tea en el Lodge, salir a ver el pueblo, comprar cosas para los niños, pelotas, caramelos, galletas, etc… dimos material escolar, paramos a tomar café del bueno, compramos alguna cosilla y hasta nos quedamos posteriormente viendo el Real Madrid en un pub hasta las 2 de la mañana, una locura en la montaña, esa fue la última vez que vi perder al Madrid hasta el otro día contra el Sevilla en liga, una pasada. 

Calle en Namche


Al día siguiente nos esperaba un día emocionante y con sorpresa, pero para no extenderme más en esta entrada la dejaré para la próxima publicación. Namche Bazar, un sueño.

domingo, 15 de enero de 2017

Katmandú - Lukla - Phakding



Llegó el día, tocaba volar, iniciar el trayecto que tanto tiempo llevaba preparando. 

Estaba muy emocionado, aunque dormí bien, todavía tenía el torrente de emociones del día anterior y además en mi cabeza no dejaba de ver imágenes del aeropuerto al que nos íbamos a “enfrentar” El Tenzing – Hillary, el aeropuerto más peligroso del mundo, y no es que lo diga yo, es que así lo considera la aviación internacional, casi nada.

Pronto estábamos en pie y listos para salir. Bajamos al patio del hotel donde nos comimos el desayuno, pan con mantequilla, huevos fritos, verdura salteada y patatas cocidas y un poco fritas, y por supuesto un milk tea. Al terminar fuimos a nuestra habitación cogimos todos los bártulos y nos dirigimos a la recepción del hotel. Allí nos esperaba el guía Isword y un conductor que nos llevaría al caótico aeropuerto de Katmandú. 

Cargamos todo en la furgoneta y a correr, a pasearnos por la yincana de la vida… pudimos tener cien accidentes en los 45 minutos que duraba el trayecto al aeropuerto, por suerte tuvimos solo muchos sustos.
Por fin llegamos, nos dieron las tarjetas de embarque, con menos medidas de seguridad que los albañiles en marruecos, en fin, tras pagar un pequeño suplemento por exceso de equipaje (material de los críos que aún llevábamos con nosotros) estuvimos esperando un rato en la sala de espera hasta que nos llegó el turno.
En aquella sale vi muchas cosas, pero una que me llamó mucho la atención fue la de un hombre fregando… y no, lo curioso no era eso, si no que una mujer lo esperaba para que cada vez que el mojaba la fregona ella escurrirla con las manos sacando todo el agua negra que había en ella y cambiando el agua una y otra vez, como hace 60 años aquí pero en la actualidad allí, espectacular y triste. 

Nos montamos en unos pequeños autobuses que nos llevaban a las puertas del avión, curiosamente las maletas iban con nosotros, en unos remolques que el mismo autobús tenía. Buena técnica para no perder las maletas. El avión era como una lata de conservas con alas, y era de los buenos. Compañía GOMA AIR, casi un lujo, la segunda mejor compañía de vuelos interiores en Nepal. Aún así el avión daba pena, nosotros como siempre nos reíamos por todos excepto algún otro pasajero al que no le hacía tanta gracia volar en ese cacharro y hacia ese lugar. Creo que nuestra inconsciencia nos ayudó a pasar el rato. 

Treinta y cinco minutos después de despegar ya veíamos el aeropuerto de Lukla, si ya de por si es espectacular, verlo desde el aire lo es mucho más, parece increíble que se pueda aterrizar ahí. Entramos por un cañón entre las montañas, nos sacudieron como en una coctelera y aterrizamos como buenamente pudieron estos pilotos que para mí son unos fieras, ya me gustaría ver a cualquier otro piloto “de primera” cogiendo tierra allí.

Si el aeropuerto de Katmandú es un caos, el de Lukla lo es elevado a la décima potencia. Brutal, llegamos, no nos miraron nada, todo lleno de basura, de suciedad.

Del más absoluto caos salimos por una puerta sin ningún tipo de control policial y allí nos esperaba Ram, el Sherpa, una persona increíble con el que aún mantengo un habitual contacto. Junto a él se amontonaban mucho más sherpas en busca de algún turista que viajara por libre y al que llevar su maleta o mochila, parecía un mercado, pero de personas, un rollo muy raro. Ram se hizo rápido con todo y estaba caminando antes de darnos cuenta. 

Al llegar paramos para desayunar en una casa de té donde nos quedaríamos a la vuelta, desayunamos justo al lado de la pista de aterrizaje, viendo entrar y salir otros aviones, una experiencia muy bonita. Cuando terminamos el desayuno, el segundo del día y falta que nos iba a hacer, nos pusimos a caminar, todo acababa de empezar, estaba eufórico, las piernas me iban al 120% y no paraba de sacar fotos a todo, iluso de mí no sabía lo que me esperaba aún… Recuerdo que a la vuelta veíamos a otros como nosotros que se dirigían hacia arriba y pensábamos eso… pobres ilusos, no saben dónde se están metiendo.
Estuvimos caminando a un muy buen ritmo durante un par de horas, paramos un rato a descansar y seguimos. Era el día más sencillo de todos, a las tres horas y poco ya nos encontrábamos en Phakding, nuestro primer destino, llegamos a nuestro lodge (hostal) y descansamos un poco antes de bajar a comer, allí teníamos Wifi, todo un lujo, aunque había que pagarlo y barato no era. Pasamos el resto de la tarde después de comer escribiendo a la familia, viendo fotos, riendo y viendo como llegaban otros viajeros y se acomodaban a tomar té, café y agua. Alguno ya llegaba medio reventado y es cuando empezamos a conocer a muchos de los viajeros que nos acompañarían a lo largo del recorrido y con lo que coincidiríamos en casi todos, por no decir todos los pueblos, en la ida y en la vuelta.

Al terminar el día estábamos bastante cansados, me duché con agua fría aunque se agradecía la ducha, me puse cómodo y con unas vistas increíble de las montañas que nos rodeaban nos fuimos a dormir en una habitación en la que los grados bajaban a medida de que pasaban las horas, no sé a cuanto estuvimos durante la madrugada pero os puedo asegurar de que hacía muchísimo frio.

Fue un día muy especial, lleno de todo, empezamos a cruzar los míticos puentes construidos por la organización Hillary, hechos de acero y con gran resistencia, empezamos a ver los Gokios (como los Jaks, pero sin pelos, ya que caminan a otras alturas más bajas) hablamos mucho con nuestro guía, los dos estábamos cómodo con el viaje y todo fluía mejor de lo que al menos yo me esperaba en todos los aspectos. 
Fue un gran día y solo era el primero. Al día siguiente nos esperaba una gran caminata.