miércoles, 18 de enero de 2017

Pakding – Namche Bazar.


Gran día nos esperaba, después de haber dormido un poco de “aquella manera” sobre todo por el frio, nos dispusimos a hacer la mochila y desayunar, evidentemente repetimos desayuno y lo que no sabíamos es que haríamos lo mismo casi todo el resto del viaje, huevos, patatas cocidas, dos tostadas de pan duro y mantequilla con una especie de mermelada híper mega dulce.

Salimos temprano, ya esa noche mientras cenábamos conocimos a Brad y Jacob, padre he hijo (10 años) que intentarían al igual que nosotros llegar al campo base del Everest, Jacob es un chico especialmente fuerte que siempre llegaba el primero al resto de pueblos del camino. También conocimos a Michael, un chico Australiano muy amable, y también conocimos a sus guías.


Estuvimos andando durante mucho tiempo aunque la verdad que el camino de momento no se hacía duro, los paisajes eran espectaculares y en cuanto el día despuntó, salió un sol súper agradable que nos hacía estar de muy buen humor y con bastantes ganas de todo. Se nos aventuraba muy buen tiempo durante el trek y la verdad que lo que veíamos a nuestro paso era espectacular, todo absolutamente, era la época del rododendro (árbol típico de Nepal) que además estaba totalmente florecido.

Nos encontrábamos muchas aldeas, todas preciosas, muchas de ellas en plena construcción, allí no se sabía que era la crisis del ladrillo, entre otras cosas porque usaban madera y piedra, y además el paso turístico hacia el Everest las hacían ser aldeas prosperas. Habían muchos lodges a cada poco, paramos en uno de ellos a tomar un MilkTea y en nuestro primer punto de control, Isword (el guía) se encargaba de todo el trámite mientras nosotros disfrutábamos como enanos con los niños de por allí, sacamos el gofio dulce que llevábamos gracias a mi amiga Leo y su madre, y a pesar de que al principio no estaban muy seguros de si probarlo o no, en cuanto el primer valiente puso ojos de “ESTO ESTÄ BUENÍSIMO” todos empezaron a poner la mano, el aspecto no les llamaba la atención, pero el sabor les gustaba y así lo hacían ver. 
A las tres horas más o menos empezamos a notar las piernas, se iban cargando conforme íbamos cogiendo altura. Ya estábamos a unos 3.100 metros, pensábamos que nos quedaba poco cuando vimos un pequeño poblado como a 150 metros por debajo nuestro, junto a un rio, recuerdo pensar… si bajamos hasta ahí después tendremos que subir esos 150 metros más los que nos quedaban hasta los 3440 que estaba Namche… Me vine un poco abajo y pregunté al guía si todo iba a ser así, a lo que me respondió “Si, más o menos si” o eso le entendí yo.
Al rato de estar bajando por una ladera interminable rodeada de bosque, llegamos a ese poblado, llevábamos 3 horas y media andando más o menos y por fin llegó la merecida parada para comer. Comimos bastante bien y al rato y tras tomarnos un café aguado, empezamos a caminar nuevamente.

No sé cuántos puentes pasamos, muchos, pero ninguno como al rato de estar andando vimos. Ante nosotros el mítico puente Hillary, el de las películas, súper alto, como lo imaginaba, o incluso algo más. Espectacular y una sensación de alegría me invadía, había soñado con cruzar ese puente muchísimo tiempo, lo llevo viendo desde que era niño, no me podía creer que en un rato iba a estar cruzándolo. Por encima del puente Hillary quedaba una montaña muy grande que teníamos que rebasar y justo después… bueno unos kilómetros después estaría Namche. El cansancio pasó a un segundo plano. No sé como pero subí muy rápido hasta donde comenzaba el puente, la sensación de cruzarlo es inexplicable  y más aún cuando pega fuerte el viento como pegaba, está en plena garganta entre dos montañas entre tierras sherpas, un espectáculo, parece que vas a volar como una cometa, sensación única que me guardo en la mente y el alma para siempre.
Hillary Bridge
Después de sacar muchas fotos y algún video continuamos, lo que veíamos durante el ascenso por aquella montaña nos desmoralizaba, al menos a mí, cantidades de sherpas subiendo por una colina cargados de mercancía, y por la que a mí me costaba muchísimo tirar de una mochila de12 kilos. Se hizo muy pesada esa subida, a cada dos por tres teníamos que parar para dejar pasar un sherpa o para que pasaran algunos gokyos, cosa que te desmoralizaba más. Al final otro puesto de control, con un policía que nos miraba de arriba a abajo y que preguntó a nuestro guía (no sé por qué) que si éramos luchadores… No me pregunten por qué, no tengo ni idea, la lucha libre es muy popular allí y nos vería caras raras o algo. 

Sherpa
Tras un descansillo de unos minutos para beber y comernos alguna barrita energética recorrimos la última parte del camino, habíamos llegado a Namche. Un inmenso pueblo Sherpa empotrada entre montañas, recoge el nombre de los bazares que inundan el pueblo por todos lados, nos recibía con un sol que le daba un espectacular aurea santa, a pesar de los terremotos del año anterior estaba bastante recompuesta, trabajaban todo el día para restaurar el poblado y de paso mejorarlo.

Habíamos llegado al paraíso de las montañas, al oasis de lujo, donde estos eran, poder bañarse, comprar lo que quisieras o hiciera falta, donde había internet asequible, enchufes, y donde podías hasta sacar dinero, tomarte un café en un Irish Pub o un trozo de tarta en una cafetería guapísima. Pequeños lujos de los que no nos daríamos cuenta que lo eran hasta mucho más adelante… Namche fue el último pueblo donde me duché por última vez hasta la vuelta, donde me volví a duchar y donde Namche se hizo leyenda. Por cierto una cosa es no ducharse y otra no asearse, las duchas de agua caliente de Namche se convirtieron en rápidos y fríos momentos de toallitas húmedas con las que me “lavaba” podría ahorrarme contar todo esto pero es la realidad, es lo que hay.

Namche Bazar
Ese día recuerdo descansar, beber Milk Tea en el Lodge, salir a ver el pueblo, comprar cosas para los niños, pelotas, caramelos, galletas, etc… dimos material escolar, paramos a tomar café del bueno, compramos alguna cosilla y hasta nos quedamos posteriormente viendo el Real Madrid en un pub hasta las 2 de la mañana, una locura en la montaña, esa fue la última vez que vi perder al Madrid hasta el otro día contra el Sevilla en liga, una pasada. 

Calle en Namche


Al día siguiente nos esperaba un día emocionante y con sorpresa, pero para no extenderme más en esta entrada la dejaré para la próxima publicación. Namche Bazar, un sueño.

domingo, 15 de enero de 2017

Katmandú - Lukla - Phakding



Llegó el día, tocaba volar, iniciar el trayecto que tanto tiempo llevaba preparando. 

Estaba muy emocionado, aunque dormí bien, todavía tenía el torrente de emociones del día anterior y además en mi cabeza no dejaba de ver imágenes del aeropuerto al que nos íbamos a “enfrentar” El Tenzing – Hillary, el aeropuerto más peligroso del mundo, y no es que lo diga yo, es que así lo considera la aviación internacional, casi nada.

Pronto estábamos en pie y listos para salir. Bajamos al patio del hotel donde nos comimos el desayuno, pan con mantequilla, huevos fritos, verdura salteada y patatas cocidas y un poco fritas, y por supuesto un milk tea. Al terminar fuimos a nuestra habitación cogimos todos los bártulos y nos dirigimos a la recepción del hotel. Allí nos esperaba el guía Isword y un conductor que nos llevaría al caótico aeropuerto de Katmandú. 

Cargamos todo en la furgoneta y a correr, a pasearnos por la yincana de la vida… pudimos tener cien accidentes en los 45 minutos que duraba el trayecto al aeropuerto, por suerte tuvimos solo muchos sustos.
Por fin llegamos, nos dieron las tarjetas de embarque, con menos medidas de seguridad que los albañiles en marruecos, en fin, tras pagar un pequeño suplemento por exceso de equipaje (material de los críos que aún llevábamos con nosotros) estuvimos esperando un rato en la sala de espera hasta que nos llegó el turno.
En aquella sale vi muchas cosas, pero una que me llamó mucho la atención fue la de un hombre fregando… y no, lo curioso no era eso, si no que una mujer lo esperaba para que cada vez que el mojaba la fregona ella escurrirla con las manos sacando todo el agua negra que había en ella y cambiando el agua una y otra vez, como hace 60 años aquí pero en la actualidad allí, espectacular y triste. 

Nos montamos en unos pequeños autobuses que nos llevaban a las puertas del avión, curiosamente las maletas iban con nosotros, en unos remolques que el mismo autobús tenía. Buena técnica para no perder las maletas. El avión era como una lata de conservas con alas, y era de los buenos. Compañía GOMA AIR, casi un lujo, la segunda mejor compañía de vuelos interiores en Nepal. Aún así el avión daba pena, nosotros como siempre nos reíamos por todos excepto algún otro pasajero al que no le hacía tanta gracia volar en ese cacharro y hacia ese lugar. Creo que nuestra inconsciencia nos ayudó a pasar el rato. 

Treinta y cinco minutos después de despegar ya veíamos el aeropuerto de Lukla, si ya de por si es espectacular, verlo desde el aire lo es mucho más, parece increíble que se pueda aterrizar ahí. Entramos por un cañón entre las montañas, nos sacudieron como en una coctelera y aterrizamos como buenamente pudieron estos pilotos que para mí son unos fieras, ya me gustaría ver a cualquier otro piloto “de primera” cogiendo tierra allí.

Si el aeropuerto de Katmandú es un caos, el de Lukla lo es elevado a la décima potencia. Brutal, llegamos, no nos miraron nada, todo lleno de basura, de suciedad.

Del más absoluto caos salimos por una puerta sin ningún tipo de control policial y allí nos esperaba Ram, el Sherpa, una persona increíble con el que aún mantengo un habitual contacto. Junto a él se amontonaban mucho más sherpas en busca de algún turista que viajara por libre y al que llevar su maleta o mochila, parecía un mercado, pero de personas, un rollo muy raro. Ram se hizo rápido con todo y estaba caminando antes de darnos cuenta. 

Al llegar paramos para desayunar en una casa de té donde nos quedaríamos a la vuelta, desayunamos justo al lado de la pista de aterrizaje, viendo entrar y salir otros aviones, una experiencia muy bonita. Cuando terminamos el desayuno, el segundo del día y falta que nos iba a hacer, nos pusimos a caminar, todo acababa de empezar, estaba eufórico, las piernas me iban al 120% y no paraba de sacar fotos a todo, iluso de mí no sabía lo que me esperaba aún… Recuerdo que a la vuelta veíamos a otros como nosotros que se dirigían hacia arriba y pensábamos eso… pobres ilusos, no saben dónde se están metiendo.
Estuvimos caminando a un muy buen ritmo durante un par de horas, paramos un rato a descansar y seguimos. Era el día más sencillo de todos, a las tres horas y poco ya nos encontrábamos en Phakding, nuestro primer destino, llegamos a nuestro lodge (hostal) y descansamos un poco antes de bajar a comer, allí teníamos Wifi, todo un lujo, aunque había que pagarlo y barato no era. Pasamos el resto de la tarde después de comer escribiendo a la familia, viendo fotos, riendo y viendo como llegaban otros viajeros y se acomodaban a tomar té, café y agua. Alguno ya llegaba medio reventado y es cuando empezamos a conocer a muchos de los viajeros que nos acompañarían a lo largo del recorrido y con lo que coincidiríamos en casi todos, por no decir todos los pueblos, en la ida y en la vuelta.

Al terminar el día estábamos bastante cansados, me duché con agua fría aunque se agradecía la ducha, me puse cómodo y con unas vistas increíble de las montañas que nos rodeaban nos fuimos a dormir en una habitación en la que los grados bajaban a medida de que pasaban las horas, no sé a cuanto estuvimos durante la madrugada pero os puedo asegurar de que hacía muchísimo frio.

Fue un día muy especial, lleno de todo, empezamos a cruzar los míticos puentes construidos por la organización Hillary, hechos de acero y con gran resistencia, empezamos a ver los Gokios (como los Jaks, pero sin pelos, ya que caminan a otras alturas más bajas) hablamos mucho con nuestro guía, los dos estábamos cómodo con el viaje y todo fluía mejor de lo que al menos yo me esperaba en todos los aspectos. 
Fue un gran día y solo era el primero. Al día siguiente nos esperaba una gran caminata.

martes, 6 de septiembre de 2016

El otro reto.

Día 2: Katmandú.
¡Gran día! Hoy nos despertábamos con ganas, acabábamos de llegar, tuvimos un día duro al llegar y ahora estábamos descansados y con mucha ilusión de empezar ya. Hoy era el primer día del planing con nuestro guía, al día siguiente volaríamos a Lukla, empezaría lo bueno.

Entregando regalos a los niñ@s.
Antes que todo eso había otra cosa que resolver, meses antes jamás se me hubiera ocurrido complicarme la vida con algo de esta magnitud, ya de por si, entrenar y preparar el viaje era agotador y un quebradero de cabeza, pero como siempre, me gusta complicarlo todo un poco más, esta vez claro, no iba a ser diferente. Era el día que estábamos esperando también, teníamos una misión que cumplir, había puesto más de 46 kilos de material escolar y unos 50 uniformes de Gusyluz (el centro de educación infantil de mi hija) allí, en Katmandú, aún no sé muy bien como logré eso, la verdad es que pocas veces he hecho algo igual, habían más de mil euros allí para repartir, entre material, uniformes y dinero en efectivo, porque a todas estas, también llevamos dinero en efectivo que logramos recaudar, unos doscientos y pico euros si mal no recuerdo.
Foto de grupo.
Antes de seguir, decir que hasta día de hoy no había nombrado, con su nombre, el centro Gusyluz, espero que lo entiendan y sobre todo que lo entienda el centro, la seguridad de los míos es lo primero. Así que ahora los nombro, gracias GUSYLUZ, os habéis portado del diez, gracias a las profesoras y a los papas y las mamas de Gusyluz, que me han dado tanto material incluso dinero para repartir allí. Un beso enorme a toda esa familia que compone Gusyluz Tenerife. ¡A por otra etapa ahora!

Director y niño.
Seguimos… Nos despertábamos temprano, desayunábamos bien y nos vino a recoger el director de la ONG con un conductor, cargamos los dos maletones y con mucha ilusión nos fuimos hasta un lugar a las afueras de Katmandú. Si Katmandú es pobre no quiero ni explicaros lo que se podía ver por allí, pero era brutal. Era duro de ver, incluso de oír. Tras 40 minutos de coche con un calor inmenso y una polución terrible llegamos. La escuela eran 4 muros mal levantados, con una “casita” a modo de recepción o secretaría donde estaba el “despacho” del director y un pequeño almacén, después habían otras estancias, unas casas prefabricadas, hechas polvo, algunas derruidas por el terremoto y otras en proceso de reconstrucción.

Al llegar los niños y niñas nos esperaban haciéndonos un pasillo, llevaban flores en las manos que nos ofrecieron a coger, nos pusieron unas telas con mantras como signo de gratitud y nos pintaron con un tinte rojo la frente, significaba gracias y bendiciones según me dijeron, los dioses estaban agradecidos y estaban con nosotros. La verdad que pocos dioses vi yo por aquella zona… pero se agradece igualmente, y si nos estaban viendo espero que clavaran sus ojos en aquel sitio y no levantasen la mirada.

Selfi nepalí.
Las caras de los críos eran espectaculares, como si acabasen de llegar los Reyes Magos de verdad, como ídolos, era un sentimiento súper raro el que al menos a mi me invadía, por un lado yo estaba flipando más que ellos, nunca me habían mirado con esas caras, nunca había despertado tanta ilusión en un niño y por otro lado me sentía triste, por no poder ayudarlos más, porque ellos volverían a quedarse allí y yo poco más podía hacer, estaba triste por ellos, la verdad. Tampoco es una cosa que pueda explicar muy bien con palabras… así que no me voy a extender mucho más en esto.
Reunión inicial.
Entramos en la “secretaría” nos ofrecieron bebida, Coca-Cola caliente que agradecimos de corazón y nos explicaron un poco en que consistía todo allí,. Tenían niños huérfanos que eran los que estaban allí en ese momento, niños que habían perdido a sus familiares en el terremoto del año anterior, el resto estaban de “vacaciones” por llamarlo de alguna manera. Los niños y niñas asomaban la cabeza por la puerta cada dos por tres para vernos, creo que es la primera vez que veían a algún extranjero por allí. Cuando terminamos, empezamos a sacar el material de las maletas y las caras, esta vez de los mayores cambiaban a medida que íbamos sacando cosas, no se podían creer todo lo que les habíamos llevado. En el hotel antes de eso nos habíamos quedado con algunas cosas para repartirlas también durante el viaje en la montaña.

Dos amores. Monique (Derecha)
Con un pequeño gran hombre.
Cuando terminamos de sacar todo, los directores, del colegio y de la ONG estaban flipando y las mujeres que allí estaban con los niños entre ellas la mujer del director del colegio flipaban aún más. Fue un momento muy emocionante, pero más aún fue cuando ellos mismos organizaron una fila de pequeños para ir recogiendo parte del material y uniformes. El resto se lo quedaría la escuela para entregarlos y organizarlos, ya que todo esto debía durarles mucho tiempo.
Fue espectacular ver la cara de los niños y niñas recogiendo sus cosas, a los más pequeños les entregamos también unos juguetes que llevé yo y que mi hija ya no utilizaba, unos peluches y cosas así. Las caras nos lo decían todo, que felicidad y que ilusión tenían. Después nos enseñaron toda la escuela y entramos en unas cabañas hechas polvo que utilizaban a modo de clases. Era duro de ver, me repito.

El mejor estadio es el que tu quieras.
Por fin, todo el ambiente se relajó un poco, al menos para mi que tenía el corazón encogido y los grandes nos invitaron a jugar al idioma universal del futbol. Muchas veces leo cosas de los antifutboleros sobre deportes que también importan, ya he escrito en mi Facebook varias veces sobre esto y no voy a alargarme pero señores, increíble lo que puede conseguir el futbol… cosa que jamás hará el rugbi, el bádminton, la halterofilia o el patinaje artístico. Allí el que más el que menos sabía darle una patada al balón y sus caras se llenaban de sonrisas al vernos jugar a Romen y a mí, por cierto tenemos una jugada de gol grabada en GOPRO que es digna de ver, golazo que aplaudieron todos allí y que marcó un chavalito bajito pero con mucha calidad, yo también pude marcar algún gol que otro.

Idioma universal.
Debido a la altura y a lo oxidado que estaba me retiré pasado un rato y jamás olvidaré las palabras de aquel chico bajito con la camiseta de Portugal y como no CR7. Chico: It is done? Yo: Yes, I'm an old man, jajaja Chico: oh ... but you play very well  Yo: you Too, y dándole la mano llegué al final de mi partido de futbol en Nepal. Sudé, reí, se me saltó alguna lágrima y volví a sonreír esa mañana en aquel poblado. Fui feliz por hacer durante un rato feliz a tantos enanos.
Descansamos un rato tomándonos un té y sin querer que pasara el tiempo nos hicimos muchas fotos y nos tuvimos que ir, ojalá vuelva a ver algún día a algunos de esos críos, o al menos espero saber que están bien, y han salido adelante en sus vidas. 
Del resto de aquel día ya recuerdo poco ya que mi cabeza quedó allí en la escuela, de hecho el camino de regreso me pareció cortísimo. Sé por las fotos que tuvimos un día tranquilo, andando por el centro, sé que quedamos por la noche con nuestro guía para cenar en un sitio “lujoso” donde comimos muy bien, y vimos un espectáculo de danza nepalí que estuvo bastante animado y bonito, más tarde nos volvimos al hotel y nos preparamos para salir al día siguiente. Empezaba lo bueno, teníamos por delante muchos días a pie para llegar a nuestro objetivo, a mi sueño, estaba nervioso nuevamente, empezaba lo bueno, aunque cuanto más pasa el tiempo, más me doy cuenta de lo que ya sospechaba, lo bueno acababa de suceder aquel día por la mañana.

Baile típico nepalí.
PD: Si haceis Clik en las fotos podréis verla en tamaño grande.

sábado, 3 de septiembre de 2016

03/04/2016 Katmandú.


Tras unas 36 horas de viaje con transbordo en Madrid y Abu Dhabi llegamos, cansados, pero con muchas ganas de verlo todo.

Enjambre de cables. Katmandú.
Tres no siempre son multitud.
Ya el aeropuerto de la capital nepalí es un auténtico caos, cuando al fin consigues pasar la aduana, sellar visado, pagar y recoger tus maletas (las dos con el material escolar estaban tiradas en un rincón alejado de la cinta donde salieron todas las demás, al parecer pasaron por la aduana pero ni las miraron… BIEN!!!) puedes salir a la cruda realidad. Katmandú… el caos, el más absoluto caos, una capital pobre, donde no existen reglas de circulación, donde te puedes dejar la vida a bordo de cualquier tipo de vehículo, donde puedes atropellar a 50 personas cada 100 metros pero donde no pasa nada de esto… un orden dentro del mayor de los desórdenes. He estado en sitios como Marruecos y Egipto, y jamás ni de lejos he visto una cosa igual. 

Los alrededores del centro son indescriptibles, hay que verlo para poder hacerse una idea. Todo lleno de basura, todo reventado, la polución era espectacular, no se veía el azul del cielo, la gente iba con máscaras, todo tirado, hasta las tiendas están llenas de todo… la más mínima limpieza brilla por su ausencia, tiendas minúsculas con 5 o 6 vendedores de roña dentro, esperando a que pase alguien para intentar venderle alguna de esa mercancía roñosa, es impresionante de verdad, no puedo poner muchas fotos de todo esto porque no terminaría, en fin... Un paraíso para los aventureros. Total, en el aeropuerto conocimos a nuestro guía que nos esperaba con un conductor y unos collares de claveles naranjas, símbolos de bienvenida y de suerte. 

Con los collares de claveles.
Difícilmente nos entendíamos, nosotros por nuestro inglés y a él por su inglés… fuimos pillándole el acento poco a poco. 

Llegamos al hotel donde nos hospedaríamos a la ida y a la vuelta de la montaña, en total 4 días aunque en un principio eran cinco, pero eso ya lo contaré más adelante cuando lleguemos a Lukla desde Namche. ¿El hotel? Una pensión de mala muerte aquí en España, allí un 4 estrellas. Conocimos al director de la ONG a la que ayudamos y quedamos por la tarde noche con él, con nuestro guía y el director de la agencia con la que hacíamos el treking. Hablamos con ellos mientras nos tomábamos nuestro primer MilkTea, el primero de mi vida, después vendrían muchos más. Quedamos para el día siguiente con el director de la ONG, el cual nos llevaría a un poblado a las afuera de Katmandú para entregar el material escolar. Con el director y el guía acordamos todos los términos del treking y nos dieron bastante información sobre el viaje en sí y sobre lo que podíamos hacer en Katmandú esos días “libres” 

Tienda de ¿piedras?
Máscaras budistas.
Ya casi sin vernos las caras pues había un corte de luz (muy muy habitual en la capital) y el generador no daba para la luz del patio del hotel, nos despedimos con ganas de que llegara el día siguiente. Nos duchamos en la habitación y sin descansar (ni ganas aún) nos fuimos a patear un poco el centro. IMPRESIONANTE todo lo que puedes llegar a ver, oír, comprar y comer ahí… no se puede explicar tampoco, eso si, ahí tenéis que ir, debería ser obligatorio, por Ley, estar en el centro de Katmandú un día al menos en la vida de todas las personas. Perdí la cuenta de las veces que nos ofrecieron “diversión psicotrópica” en fin, un caso, un bendito caos.

Comimos en un restaurante raro, mil y pico rupias, la primera cena, la más cara de todas las del viaje en suelo nepalí, ya le iríamos cogiendo el truquillo. Apenas tenían luz, pero se respiraba un ambiente agradable, no parábamos de reírnos de todo, estábamos nerviosos, cansados y con hambre, estábamos en el culo del mundo a punto de vivir una aventura guapísima, de hecho ya había empezado. 

Set Dalbat.
Como picaba todo… hasta el agua picaba, allí pica hasta el café con leche. Los sudores me caían por toda la cara mezcla de picor en la boca y del calor que había en la ciudad, la comida era un Set Dalbat, un plato de arroz picante, rodeado de una especie de espinacas picantes, una sopa super picante, y unas habichuelas con pollo que también picaban lo suyo, vamos... un paladar infernal a los cinco segundos de empezar a comer.

En fin, un lujo, un viaje único que acababa de empezar, terminábamos el día bebiendo mucha agua, leyendo un poco sobre la ciudad, escuchábamos la tele sin entender nada, hablamos de lo que nos deparaba el futuro próximo y sin más y con algún mosquito que otro nos fuimos a dormir, un día impresionante, comenzaba el sueño, estábamos preparados y encima al día siguiente teníamos una pequeña pero gran misión que cumplir, entregar el material escolar que tanto nos había costado poner allí, más de 46 kilos de ilusión para unos niños que merecían todo eso y más.

Katmandú.





martes, 30 de agosto de 2016

Por donde empezar.

Por fin estoy aquí!! ¿Por dónde voy a empezar? Tenía muchas ganas, creedme, pero he necesitado mucho tiempo para poder organizar ideas, fotos, algunos videos etc… Y todavía no he terminado pero quería volver a escribir, necesitaba volver a escribiros.

Han sido muchas experiencias, muchas cosas que me han costado digerir e incluso algunas aún no he digerido. No sé por dónde empezar, va a ser difícil plasmar a través de este medio todo lo que he vivido en Nepal, personalmente creo que es una vivencia que debería tenerla todo el mundo al menos una vez en la vida. 

Nepal te cambia, hay un antes y un después, su gente es espectacular, nada de maldad y en todo momento intentando hacerte el bien, que no te sientas mal y que nada pueda molestarte. Aunque Katmandú sea el caos escenificado en su mayor potencia y los vendedores intenten sacarte un dinerillo extra por algún regalo no regatearán con tal de que no te ofendas. A veces hasta me daba rollo regatearles yo, y al fin buscaba un acuerdo que fuera bueno para ambas partes aunque pudiera haberle sacado algún suvenir a un mejor precio. En resumen y todo esto viene de la bondad de las personas de allí, por otro lado todo es tranquilidad a la hora de tomarse las cosas, no verás un nepalí estresado o mosqueado por algo que haya pasado fortuitamente. 

El país, un mundo aparte. Todo es distinto, desde la forma de conducir, la comida, el sueño… absolutamente todo es distinto y ya sin hablar de cómo es todo esto en las alturas. Desde luego hay un antes y un después. Es un viaje mágico, que te transporta en el tiempo y casi que de planeta, conocimos a muchas personas y todas buenas, hubo muy buen rollo en todo momento, en la ciudad, el en pueblo apartado y pobre donde entregamos el 90% del material, en la montaña… en todos sitios, la verdad que todo fue a la perfección. Y de mi compañero ni que decir que me hizo el viaje más agradable aún, incluso a 4500 metros de altura, cuando ya no existen las ganas de bromas y de risas, ahí estaba el compañero para intentar sacar una sonrisa, y yo a él, aunque sufriera más el temido mal de altura, creo sinceramente que se fueron dos compañeros de trabajo y volvieron dos amigos que van a estar ahí para siempre, al menos yo estaré. 

Ya tenemos otras ideas en la cabeza, en principio esto solo era una solitaria aventura, un reto que me propuse y que logramos dos personas, pero pronto nos dimos cuenta de que los retos son la comida de esta vida, lo que nos hace tener un objetivo y por lo tanto, lo que nos hace estar más vivos. Pero de esto ya hablaremos mucho más adelante. Ahora toca ponerse manos a la obra, intentar mostraros que y como vivimos allí, que fue lo mejor y lo no tan bueno, aunque todas las experiencias incluidas las pocas negativas fueron fructíferas y por lo tanto bienvenidas.

No sé cómo lo voy a hacer ni por dónde empezar, hay mucho que decir y fotos que ver, existen más de 2000 fotos y videos de esta aventura y evidentemente es difícil poner solo unos pocos, haga como lo haga se me van a quedar cosas en el tintero, ponga lo que ponga y escriba lo que escriba no voy a poder haceros llegar todo lo vivido pero al menos lo voy a intentar, y para los que vais a hacer este espectacular viaje (para mí el viaje de mi vida) voy a intentar daros toda la información posible. 

Ha sido difícil, muy duro y muy conmovedor a veces, pero vamos al lio y dejémonos de rollos, muchos estabais esperando que empezara a escribir, lo sé, por los emails que me han llegado, no sé si habéis aguantado la espera, ojalá que si y os ayude o al menos podáis sacar algo en claro. Por cierto... Si llegamos, conseguimos nuestro objetivo, mi objetivo, mi sueño desde pequeño, estuvimos en el capo base del Monte Everest (5.365 mt) y volvimos para contarlo. ¿Por dónde voy a empezar? Pues por el principio.

KATMANDÚ… 03/04/16