sábado, 5 de mayo de 2018

I have a dream. MLK


Día 12 de abril de 2016. Día para mi historia, día que se quedaría tatuado en mi vida para los restos.
Salida de Lobuche
Era el día más importante de todos. Aquel día intentaría alcanzar mi sueño, la razón de mucho esfuerzo, la razón de este blog. Todo lo que había estado planeando durante más de un año y lo que llevaba rondándome muchos años la cabeza, tenía este día su final.
No iba a ser fácil. Desayunamos como pudimos, con un sueño infernal ya que me costó muchísimo dormir, orinando en botellas para no salir de la congelada habitación, con mi compañero de expedición malo del estómago y sin oxígeno, que al menos a mí me hacía despertarme repentinamente con el típico sueño de que te mueres. Después de todo, de empaquetar, de prepararnos y de preparar las mochilas para el día, salimos al último treking en altura. Recuerdo perfectamente que nada más salir del Lodge, como a unos 10 minutos ya estaba cansadísimo, las piernas me pesaban más que ningún otro día, todavía nos quedaban casi 8 horas de camino total y no veía el momento de sentarme a descansar. Me auguraba un mal presentimiento esta sensación de agobio y de cansancio.
Caminando, frente a nosotros, el Pumori.
Este día debíamos llegar primero a GorakShep, el último asentamiento antes del campo base y antiguo campo base del Everest. Con esa primera meta en la mente daba paso tras paso, a lo lejos vimos el típico cartel amarillo con letras rojas que nos indicaba la dirección del campo base del Everest, un cartel muy típico y muy fotografiado, pensé en hacerme una foto a la vuelta (no fue así)
Llegando a GorakShep
Tras horas de caminata por un terreno compuesto solo por piedras, muy escarpado y por donde en algunos tramos corría bajo nuestros pies mucha agua, llegamos a GorakShep. Llegué con las orejas muy calientes, síntoma de que estoy muy fatigado, apenas podía respirar, solo me quedaba la alegría de estar en nuestro primer destino del día, pararíamos a comer y tras un breve descanso y después de dejar las mochilas en la habitación saldríamos hacia nuestro destino final. No recuerdo que comí, pero sé que se me pasó volando, apenas recuerdo que hicimos en esos momentos, se me iba la cabeza totalmente y tengo lagunas sobre qué pasó exactamente en aquellos momentos.


Después de descansar un poco y tras reposar algo la comida salimos hacia el campo base, Ram dejó las maletas y se ofreció a llevar nuestra mochila por lo que juntamos cuatro cosas que había en la mochila de Romen y en la mía y se la dejamos a él. Íbamos a terminar el resto del camino sin peso en la espalda. Comenzamos a andar, y de verdad yo ya no podía más y aún quedaban como mínimo tres horas y unos 40 minutos andando. Todo el camino se realizaba sobre la morrena del Glaciar del Kumbu, era impresionante ver como la montaña se había desplomado sobre el glacial el año anterior en el terremoto que asoló Nepal, después de eso, Glaciar y montaña se juntaron y lo que se apreciaba era un cúmulo de ambas cosas, tanto que en según qué sitios no se podía distinguir que era montaña y que glaciar.
Visualizando todo el Glaciar del Kumbu, al fondo el Campo Base.
Cerca del Campo Base, arriba al fondo el Everest.
Por fin y después de mucho tiempo andando podíamos divisar a lo lejos el Campo Base, un montón de casetas se divisaba al fondo del glaciar. Estaba lejísimos, yo ya iba arrastrando los pies, me quedé solo con Isword, ya que Romen se fue adelantando poco a poco hasta que lo perdimos de vista. Así llegue casi al final, no podía más, unos 300 o 400 metros me separaban del objetivo, pero yo ya no podía más, no podía respirar, las piernas me temblaban de lo rotas que las tenía, apenas podía encadenar 3 pasos seguidos, no daba para más mi físico. Recuerdo mirar en ese momento la cima del Everest que se podía ver desde donde estaba y pensaba que era imposible que nadie hubiera llegado allí alguna vez, imposible, no me creo de verdad que alguien haya podido pisar esa cumbre alguna vez en la historia. El Everest te mira y te pisa, te mata como a un mosquito en cuanto te descuides, yo casi podía escucharlo, “O te das la vuelta o te liquido”, yo ya alucinaba, me senté en una piedra, se acabó.

Aquí pensé que se acababa todo.
Me acordé de todo el mundo, de mi familia de mis amigos, de todo lo que había pasado para llegar hasta ahí, de lo poco que me había quedado, Isword no se lo creía, me acordé de mi hija, me hablaba, llegué a escucharla. Tengo que reconocer que llegué a llorar, aunque poco porque del cansancio casi ni podía. Al rato Isword me preguntó si podía seguir, le dije que no, me dijo que respirara tranquilo y descansara, me volvió a preguntar al buen rato, le dije que me encontraba un poco mejor. En ese momento y no sé cómo, logró engañarme con una estrategia digna de un chaval de 8 años, efectiva eso sí, recuerdo que me dijo, bueno si estas mejor levántate, le hice caso, ¿quieres bajar? Me preguntó, con los ojos muy rojos le dije que no, pero no podía más, venga vámonos, me soltó y empezó a caminar, dio dos pasos en dirección a GorakShep y se giró en dirección al campo base,  en esos dos pasos en contra de mi sueño se me vino todo encima, se acabó todo, automáticamente me salió una sonrisa cuando se dio la vuelta, íbamos al campo, lo teníamos que intentar, a mí los pies ya me arrastraban, pero tenía que seguir, recuerdo ver a mucha gente animándome y que no estaba allí.
Campo base Monte Everest
Así como medio ido llegué al Campo Base. Objetivo cumplido, Romen estaba ya allí esperando, yo llegué muy perjudicado, se notaban los 4 años sin hacer absolutamente nada de deporte. Hicimos muchas fotos, algunos videos, respiramos el aire de allí, me intenté quedar con las máximas impresiones y sensaciones posibles, mandé audios a familiares y amigos, saqué una camiseta de mi mujer y mi hija, escribí sus nombres en la piedra. Aun así se me quedaron muchas cosas por hacer, apenas me moví 5 metros a la redonda de aquel montón de piedras y banderas que marcaban la entrada del campo base. Si llego a estar ahora allí me lo tomaría de otra forma, quizás haría más cosas, en fin, tengo una excusa para volver algún día. Después de un rato, no sé cuánto tiempo pasó, 30 o 40 minutos más o menos, nos dimos la vuelta, quedaba regresar a casa, primero a GorakShep a descansar este día que no era poco, la vuelta era como de hora y media. Mismo recorrido de vuelta, ya durante la bajada pensaba que había estado poco tiempo y que las fotos, por muchas que hubiéramos hecho, habían sido pocas.
Hora y 40 minutos después, arrastrándome literalmente llegamos al Lodge, en la foto se nos pueden ver las caras, yo llegué sin ganas de vivir, la adrenalina del momento ya había bajado y en su lugar había dejado paso a la fiebre, algunas décimas me subieron del cansancio. Llegué literalmente destrozado, jamás he estado tan cansado en mi vida, nunca, ni lo más parecido, y desde entonces tampoco me he sentido igual. Descansamos un poco, me “aseé” con toallitas húmedas medio congeladas, me cambié de ropa y me puse una menos sucia, y bajé a coger wifi, a mandar algunas fotos, a contactar con mi familia y a cenar para reponer un poco. Al día siguiente comenzaría el descenso, primero debíamos subir si podíamos al Kalapathar, teníamos que levantarnos a las 04:30 de la mañana para ese ascenso, en teoría se subía por encima de la altitud del campo base, casi a 5.700 metros.
Romen y yo en el Campo Base.

Esa noche mientras cenábamos vimos como al doctor de la expedición chilena que se disponían a subir el Everest le daba una crisis de ansiedad, se asfixiaba y tras dejarle el lodge una botella de oxígeno (de 900 euros) tuvo que ser evacuado de urgencias.
Con toda la Expedición.
Todos nos quedamos a cuadros, se hizo el silencio y las caras del resto de la expedición chilena era un poema, un poema de terror y de incertidumbre. Malo.
Al rato volvió la normalidad, entraba dentro de lo lógico y lo habitual, aunque para algunos de nosotros fuera una cosa fuera de lo común ver como casi se muere una persona delante de nosotros.
Aquella noche nos enteramos que muchos de los que empezaron la expedición junto a nosotros, no habían conseguido llegar al final, incluso alguno tuvo que ser evacuado directamente a Katmandú al día siguiente por forzar la máquina, a mí el seguro ya no me cubría a esa altitud, así que debía de estar tranquilo, descansar bien y aguantar hasta el día siguiente que comenzaría a descender.
No tengo muchos más recuerdos de aquella noche, sé que no la pasé muy bien, aunque con la conciencia tranquila, a gusto, feliz, había cumplido mi sueño, o al menos el que hasta entonces era mi sueño, satisfecho de haberlo hecho bien, de haberle ganado a mi mente y sobre todo a mi cuerpo. Gracias a Isword y a la pasión por ese sueño logré conseguirlo. 
  
Mi cara... un poema.
Para llegar al campo base hay que tener no solo voluntad y fuerza mental y física, hay que tener pasión, te tiene que gustar mucho, de otra forma no es posible llegar. Al menos así lo veo yo.

En el refugio de GorakShep, después de llegar al Campo Base.
El refugio por la noche justo antes de la evacuación del Doctor.


(Si pincháis en las fotos podréis ampliarlas)
































lunes, 23 de abril de 2018

Go To Lobuche

Empezamos el día tras un buen desayuno, empaquetamos todo, Ram tiene cara de cansado, pero no pierde la sonrisa. Un auténtico Crack, no nos espera y sale el primero. Nosotros salimos más tranquilo, tenemos un día de muchas horas de camino, nos dirigimos hacia Lobuche, primer pueblo a los pies del glacial del Kumbu, (toda la nieve que baja del Everest y Lothse forman este glacial)
Descansando, a la derecha el pico Lobuche
Empezamos a andar, hasta pronto, A la vegetación, todo es árido, nos acompañan en el camino muchos Sherpas, Jacks y demás montañeros. Todos con un cansancio importante acumulado pero alegras, estamos cerca de nuestro objetivo. Estuvimos andando durante mucho tiempo por la loma de un valle (en entradas futuras hablaré de ese valle, “el desierto”) encontramos unas vistas espectaculares, vimos el monte Lobuche y su campo base, espectacular. Recuerdo que durante el camino Romen me iba contando cosas y yo como en un sueño recuerdo escucharlo pero no oírlo, sentía que me hablaba y me contaba cosas interesantes, pero como en un sueño que no recordaba bien, me daba cuenta de que no sabía muy bien que me había dicho. Se me empezaba a ir un poco la olla. Tenía que seguir, iba a merecer la pena.

Tras no se ni cuantas horas andando que a mí me parecieron días paramos a comer. Nos sentamos en una aldeílla de tres lodges, allí se concentraba de todo tipo de montañeros, alpinistas etc. Estaba la expedición chilena que se disponía a subir el Everest, un grupo de mujeres que iban subvencionadas por Zippo, otros montañeros con los que ya era habitual coincidir, incluso nuevamente con el equipo de rodaje de la película “el ascenso”
Esa aldea estaba a los pies de una larguísima subida, se veía el sendero recorrer toda la subida, personas y Jacks se adivinaban como pequeñas hormigas vistas desde un primer piso.  Te desmotivaba todo, sabías que después de comer como casi el resto de días te tocaba subir aquella montaña. Mentalmente a mí me tiraba por tierra todo, no era capaz de reponer fuerzas solo de ver aquello. Allí vimos otras dos chiquillas a las que les dimos libretas y colores. Es increíble ver cómo viven y pensar que están allí y allí seguirán, en la montaña, en la nada, sin otro futuro que el día a día de aquellos lugares.


Terminamos de comer un gran plato de pasta, unos macarrones con tomate que se saltaban las lágrimas. Y continuamos la marcha.

Sin mirar para arriba empezamos a ascender. Subida insoportable, insufrible, sobrepasando por primera vez los cinco mil metros de altitud. Faltaba oxigeno por todos lados, y muchos dábamos bocanadas de aire cual pez fuera del agua. Paramos unas cuantas veces. De vez en cuando había un rellano para descansar y parecía que se terminaba el sufrimiento, pero no. Seguíamos caminando y tras más de una hora, casi dos, de ascenso llegamos al final de esa subida, que no del camino de aquel día. La verdad es que las vistas eran inmejorables desde aquella altura, estábamos en el “cementerio” del Everest, entrecomillado ya que allí no había ningunos restos humanos, solo había tótems en honor a los caídos en el Everest, desde alpinistas de renombres como Sharp, hasta sherpas de los que solo se acuerdan sus familiares. Es bastante emotivo pasear por aquel lugar y ver los tótems, yo llegué bastante reventado y no pude disfrutarlo todo lo que hubiera querido.

Tras un descanso para tomar fotos, y como se dice aquí en Tenerife, coger resuello, nos disponemos a continuar la marcha, aunque parecía que estaba todo hecho, nada más lejos de la realidad, nos quedaban un par de buenas horas de caminata.
Finalmente, reventados llegamos a Lobuche. La verdad es que es aquí cuando supe que la decisión de ahorrar energías el día anterior había sido un auténtico acierto. De haber tomado otra decisión muy probablemente se habría acabado el sueño de alcanzar el campo base para mí. Ese día descansamos en el Lodge, la habitación era como una nevera, llevábamos días sin agua caliente para ducharnos, sin descansar bien y tuvimos que dormir con las botellas de agua dentro del saco para que no se congelasen. Apenas pude dormir, no tanto por el dolor de cabeza, que ese día apenas lo notaba o por las náuseas que tampoco, más bien era por la falta de oxígeno, tuve que dormir casi sentado durante algunas horas de la noche, ese fue el primer día que no pude contactar con mi mujer y mi hija. Internet no funcionaba a pesar de haber gastado dinero en comprar sus tarjetas de papel para la señal wifi. Por primera vez tenemos que orinar en las botellas de agua vacías, era imposible salir en plena noche de la habitación, según nos comentó el guía al día siguiente esa noche estuvimos a -10º dentro de las habitaciones. Mi nevera en invierno está a -5º. Ahí lo dejo. Había que descansar como fuera, al día siguiente 12 de abril era el gran día. ¿Podríamos llegar a cumplir el sueño?

Lobuche












domingo, 22 de abril de 2018

Próxima parada. Dingboche.

Día duro donde los haya, salimos temprano tras desayunar hacia Dingboche. Amaneció un día precioso, volvimos a coincidir en el camino con el rodaje de la película francesa “El Ascenso” eligieron una ubicación muy bonita para rodar unos paisajes. El día acompañaba y las fuerzas a priori también, me encontraba mucho mejor que el día anterior a nuestra llegada.


Pequeña Nepalí con su nuevo amigo.
El camino era muy bonito pero pronto empezarían a desaparecer los árboles, la zona boscosa y la verde vegetación para dejar paso a un ambiente más árido. La falta de oxígeno se hacía notar, y la naturaleza así lo hacía ver. Hicimos un par de paradas para regalar algunos colores y libretas y un peluche a una niña preciosa, muy tímida que solo sonrió con los ojos al ver aquel león que le compré a mi hija cuando era pequeña. Era uno de los juguetes “estrella” que llevaba conmigo y aquella niña lo merecía.

Tras varias horas de caminata dura llegamos a una aldea donde paramos para comer. Recuerdo llegar y tirarme en los asientos del lodge y descansar. Después de comer, volví a tumbarme con un sueño tremendo, parecía que me moría, se acababa el ruido, y solo quedaba dolor, cansancio y paz. Así espere un rato hasta que le té con limón que me sirvieron se enfrió un poco.

Después de recuperar algo de fuerzas, proseguimos hasta nuestro siguiente destino. Tras otras cuantas horas caminando llegamos a Dingboche. Recuerdo llegar muy cansado, extenuado, roto por dentro y por fuera. Cuando llegué al lodge me tiré en la cama, con todo lo puesto me tapé como pude, tenía mucho frio, y me eché a dormir.

Dingboche
Al cabo de un rato llegó Ram e Isword, me dieron más ajos crudos, me los comía como caramelos de fresa, no es que me gustaran pero solo pensar que me aliviarían ese tremendo dolor de cabeza que tenía y esa angustia, me hacía verlos como si fueran dulces caramelos. Al rato me pude incorporar e ir a la sala común. Se respiraba buen ambiente, paz y se notaba que la gente comenzaba a notar el mal de altura, me aliviaba un poco no ser el único. Allí fue donde Isword me explicó más detenidamente que hacían cuando los miembros de una expedición empezaban a sentir mal de altura.
Me explicó que lo que solían hacer es que cuidaban los síntomas, los intentaban tratar. Si al día siguiente, ya pasadas las suficientes horas de los síntomas, los síntomas no remitían o empeoraban, le daban la vuelta al cliente y lo descendían hasta el pueblo más cercano, esperaban unas horas, si los síntomas remitían o desaparecían, seguían ascendiendo hasta reincorporarse al grupo, si no remitían se debía seguir descendiendo y por lo tanto abandonando la expedición. Este segundo caso no pasaba por mi cabeza en absoluto, es más, por mi cabeza no pasaba otra cosa que no fuera llegar al campo base fuera como fuese. Al contarme esta forma de proceder, se me quitaron todos los males. Mejoré y por la tarde noche estaba cenándome lo que para mí fue una de las mejores pizzas que me he comido en mi vida. Estuve escribiendo en el diario, leyendo y pensando en descansar. Al día siguiente teníamos día de descanso y aclimatación. Nos fuimos a dormir a nuestra peculiar habitación y descansamos como pudimos esa noche.

Salón común del Lodge
Recuerdo que al salir de la zona común hacia la habitación nos encontrábamos de frente con el Ama Dablam, la luna apenas lo iluminaba pero podías sentir su presencia y su poder. Simplemente espectacular. Detrás de nuestras cabezas a pocos kilómetros el Monte Everest.
Al día siguiente nos despertamos, desayunamos y nos dispusimos a realizar un ascenso de aclimatación a una de las montañas que teníamos justo detrás del lodge. Yo me quedé a mitad, me encontraba algo cansado pero bien, sin ningún tipo de malestar o dolor, y no quise forzar.

Panorámica del Valle de Dingboche
Panorámica Ama Dablam
Creo que esta decisión fue vital. La verdad es que de Jesús Calleja si algo he aprendido en sus charlas, eventos y episodios es a “gestionar el riesgo” en este caso quise parar y dejar que mis compañeros ascendieran al pico de aquella montaña, pareció una decisión cobarde, pero resultó ser muy acertada, me ayudó mucho, cogí confianza en mi cuerpo, en mi mente y me ayudó a pasar un día bastante bueno, aclimaté muy bien, dormí bien la noche siguiente y descansé bastante. Me fui a dormir después de hacer lo habitual, leer, escribir, repasar fotos, etc. Al día siguiente me esperaba un día muy duro.


Al fondo el Makalu









Hacia Tengboche.



Sendero hacia Tengboche.

Desayunamos y preparamos todo para salir temprano hacia nuestro próximo pueblo. Se nota bastante el descanso del día anterior. Nos encontramos bien y fuertes, podemos continuar. Estuvimos bastante tiempo andando, las imágenes que vimos, las fotos que tomamos son realmente espectaculares. Cada dos por tres teníamos unas buenas vistas de todo el valle, el Everest, Lothse, Nupse y Ama Dablam se veían preciosos.  Paramos varias veces para coger aliento y echar alguna que otra foto, la altura ya empezaba a hacer mella, nos encontrábamos por encima de la altura del Teide (lugar donde entrenábamos) y eso ya se notaba.

Grupo de Jacks
Tras una larga caminata, empezamos a bajar una larguísima pendiente. A mi especialmente me desmotivaban mucho estos tipos de bajadas, lo explico. Cuando empezamos el trek teníamos calculado la distancia que se hacía al día, más o menos, y la altura que subías al día, lo que no teníamos calculado es el desnivel ACUMULADO, es decir, a lo largo de un día de caminata, pongamos que hay que subir al final del día 600 metros, cuando ves en el altímetro que ya has subido 300 metros te emocionas pensando que te queda la mitad, nada más lejos de la realidad, resulta que de repente tienes que bajar una colina y esto supone volver a bajar 150 o 200 metros en algunos casos, por lo que ves que aún te quedan otros 400 o 450 metros por volver a subir y eso supone que vas a tener una buena subida o subidas un poco más adelante, ¡prepárate¡ A lo largo del día has podido acumular unos 900 o 1000 metros de desnivel. Una locura y esto es así casi siempre, por no decir siempre.
Jacks sobre puente colgante.
 
Total, al final de esta bajada en dirección hacia Tengboche llegamos a una pequeña aldea, donde había un par de logde y 3 o 4 casas de té y “restaurantes”, comimos en una especie de merendero junto, próximos a un rio que traía toda el agua derretida del Everest, Lothse etc. Una autentica pasada. Había una señora con un pequeño puesto de pulseras y collares a la que le compré un colgante, que precisamente hoy mismo llevo puesto mientras escribo esto.

Allí durante la comida conocimos a Rafa y su mujer. Rafa es un montañero, el cual había subido el Everest en el 2006,  en aquella subida perdió un dedo. Ahora volvía con su mujer hasta Tengboche para mostrarle un poco el recorrido que hizo, y para ver más de cerca la montaña que le cambió la vida, y el físico, para que sintiera la emoción y las sensaciones que años atrás vivió el. Un romántico. Me encantan estas historias, ya somos dos románticos.

Parada para comer.

Tengboche. Vista del Everest, Lothse y Ama Dablam.
Tras comer tranquilamente y tomarnos un café, seguimos nuestro camino. Ahora tocaba la cuesta, no sé cuánto tiempo estuvimos subiendo, pero fue mucho, para mi muchísimo. Finalmente, y yo con un dolor de cabeza considerable, llegamos a Tengboche. Llegar me supo a gloria, fue un auténtico alivio, llegué bastante tocado, necesitaba descansar y comer lo máximo posible, al día siguiente saldríamos pronto hacia el siguiente pueblo. Este día fue el primero que sentí de verdad el mal de altura, me tumbé rápido con la ropa puesta, Isword (el guía) vino a verme a la habitación y me dio la clave, dientes de ajos crudos, al parecer los Sherpas novatos los usaban a menudo para combatir el mal de altura, y siempre llevaban algunos en los bolsillos para darle a los turistas. Era asqueroso, masticar un ajo crudo cuando estas mal es asqueroso, pero la verdad es que me sentó bastante bien.

Tras un descanso de un rato y aliviarse algo el dolor de cabeza, salimos a ver el pueblo, fuimos al monasterio, que es realmente sorprendente, espectacular. Las sensaciones allí dentro fueron mágicas, te reponían, fue un momento de descanso, de meditación, de pensar que estábamos haciendo allí, tan lejos de todo y de todos, que iba a ser de nosotros, ¿lo conseguiríamos? no solo nos hicimos preguntas, también encontramos algunas respuestas. Un lugar digno de marcar en el mapa. Después fuimos a una Bakery (pastelería, cafetería) nos comimos un trozo de tarta y un café, nos salió “caro” pero mereció mucho la pena. Vimos llegar un helicóptero allí mismo justo enfrente de la bakery, evacuaba a un montañero, la verdad es que a diario veíamos unos veinte helicópteros ir y venir, evacuando gente, salvando vidas y nosotros allí viendo todo eso.

Monasterio de Tengboche.
Después del buen rato volvimos al lodge. Nos enteramos que en el logde de al lado se encontraba un equipo de rodaje de una película, nos enteramos de poco, solo que era de una película francesa, después de casi dos años, el otro día viendo EL ASCENSO, en Netflix, reconocí a dos actores bastantes característicos, esa era la película que se grababa allí, y nosotros en el meollo de la cuestión, una pasada ver esa película después de tanto tiempo y saber que nosotros estábamos en esos momentos allí subiendo con ellos.

Compramos agua, y una tarjeta de red wifi, nos pusimos en contacto con la familia y amigos, mandamos alguna foto, cenamos bastante bien y nos echamos a dormir, a la mañana siguiente salíamos temprano e iba a ser un día muy largo.

Patio interior Monasterio de Tengboche.

 
  
 







viernes, 9 de febrero de 2018

Aclimatación en Namche Bazar.

Día de aclimatación en Namche Bazar. Empezamos pronto la jornada, nos levantamos y tras asearnos un poco bajamos a desayunar, hoy nos espera un día bastante tranquilo, de descanso, pero antes de eso tenemos un trek.
Después de desayunar unos huevos, verdura cocida y unas tostadas, con su correspondiente milktea, nos disponemos a equiparnos, a coger las mochilas y salir.
Namche Bazar
En primer lugar empezamos a subir hacia la parte alta de Namche, las vistas son espectaculares, a cada poco que se va subiendo se divisa la estampa del pueblo al completo, desde una perspectiva única se pueden observar, las casas de té, cafeterías, multitud de tiendas, incluso se pueden ver peluquerías improvisadas.

Peluquería
Llega un momento en el que nos adentramos por fin y de forma oficial (una puerta lo señala) en el Parque Nacional de Sagarmatha. A partir de aquí y tras finalizar una pendiente llegamos al monumento en memoria de Tenzing, para mí el primer hombre en pisar la cumbre del monte Everest. En Nepal es todo un símbolo y un semidiós en toda la zona del Kumbu y el pueblo sherpa.

Entrada Parque Nacional.

Desde ahí por fin tengo mi primera imagen, la primera vez que mis ojos ven el techo del mundo, ese día se deja ver, se gusta, por fin veo mi sueño en el horizonte, el Everest se yergue majestuosamente, como si de un gigante indestructible se tratara, te ve y más adelante cuando empiezas a acercarte incluso te habla, ¿suena a locura? Lo digo yo, te habla y además lo escuchas perfectamente. Lo que te dice es bastante fuerte, pero me lo reservo para más adelante, cuando estemos más cerca.

Monumento a Tenzing

Allí delante del Everest se puede ver una imagen única. El Ama Dablam a la derecha, espectacular, a su izquierda al fondo el Lothse, la tercera montaña más alta del mundo, increíble, el Everest justo al lado, aunque en la perspectiva parece de la misma altura que el Lothse hay que tener en cuenta que el Everest está detrás, aun así se equipara en la imagen, lo que da a entender un poco la magnitud del mismo, una autentica pasada. Y al lado de este el Nuptse, y su sierra de cuchillo, es fácil de diferenciar, la loma más alta de las tres o cuatros que se pueden divisar.
Por primera vez se me saltan las lágrimas, y no son pocas. No sé cuántas fotos nos hicimos en ese lugar, pero os aseguro que no fueron pocas, videos también hubo unos cuantos. También tengo que decir que no fui el único en llorar allí. Desde luego esa imagen no se borra de la mente de las personas que pueden verla. Única.

Museo Sherpa
Al rato continuamos nuestro trek, primero entramos en un museo, el museo del sherpa, cuanto menos curioso, habían muchos utensilios que usaban los sherpas tanto para escalar como para su vida personal, también habían animales disecados que habitaban la zona. Seguimos subiendo para aclimatar el cuerpo, subimos una gran colina donde nos hacemos multitud de fotos hasta llegar al Everest View, el Hotel más alto del lugar, un majestuoso hotel de lujo a 3880 metros de altitud, donde te dejan entrar “de milagro” para poder disfrutar de su cafetería, en su terraza nos tomamos un milktea y disfrutamos de una de las vistas más maravillosas que he visto en mi vida. Descansamos bastante y volvimos tras nuestros pasos a Namche.


El resto de la tarde estuvimos paseando por el pueblo, haciendo alguna que otra comprilla, regalando cosas a los críos que allí estaban jugando al vóley, futbol etc. Entramos en una cafetería buena, café carillo pero merece la pena, buen café tras días sin tomar alguno decente. Al anochecer nos fuimos al hotel, ducha, cena buena, mandamos fotos a los familiares por wifi, a precio de oro y nos fuimos a descansar, no sin antes llevarnos un sustillo. Mientras jugábamos una partida de cartas tras la cena, a un señor que estaba en la mesa de al lado le dio algo extraño, se quedó como dormido tras un fuerte ronquido, quedó inconsciente y con la cabeza totalmente plegada hacia atrás, fue duro de ver, aunque se recuperó al momento. Ya comenzaba a notarse el mal de altura, ya estábamos a unos 3440 metros y eso se ya no era cualquier cosa.

Con esto nos fuimos a la habitación a descansar y a escuchar las ratas del Himalaya justo por encima de nuestras cabezas. Justo detrás de las paredes. Aun así Namche era un lujo, y el mejor sitio donde disfrutar en esa zona del valle. Habíamos pasado un gran día, recuerdo tener mucha ilusión, fue un día muy especial y me metí en el saco a leer y quedé dormido con la mejor de las sonrisas. Satisfacción en estado puro.